Wednesday, August 19, 2009

50 años de `Kind of Blue'

Miles Davis
Miles Davis
AP / AP

EFE

Rentable y jazz eran conceptos antagónicos hasta que hace medio siglo Miles Davis editó su disco Kind of Blue, una obra maestra sensual y melancólica que vendió cuatro millones de copias e incluía clásicos como So what pero que fue grabada en apenas diez horas.

El trompetista Miles Davis, siempre a la búsqueda de nuevos territorios musicales, dijo al batería Jimmy Cobb que quería para Kind of Blue un ``sonido flotante'', seguir la línea que había iniciado con su composición para el cine en Ascensor para el cadalso, de Louis Malle. Pero llegaría mucho más lejos.

A sus 33 años, y pese a que no descubrió la trompeta hasta que su padre le regaló una a los 13 años, le había dado tiempo de vivir un intenso periplo. Había dejado atrás sus colaboraciones con Dizzie Gillespie y Charlie Parker, había creado el cool Jazz, luchado contra la heroína y por el amor de la musa del existencialismo Juliette Greco en París.

Para seguir este nuevo paso en su trayectoria, buscó un equipo de amigos: su por entonces inseparable John Coltrane, Paul Chambers, Julian ``Cannonball Adderley'', Jimmy Cobb y Bill Evans, el único blanco de la banda. De la sinergia de los seis emergió el milagro.

Kind of Blue es, efectivamente, una especie de tristeza, pero no una tristeza cualquiera. Es bella, discreta y sugerente. So What, su tema más conocido, ``no comienza con una fanfarria, sino con un susurro. Toda llena de notas simples pero sin resultar simple en absoluto'', resumía el músico de jazz americano Herbie Hancock, que reconoce la gran influencia del disco en su música.

``Fue como hacer una pintura japonesa. Comenzar la pincelada sin saber dónde te va a llevar'', aseguraba por su parte Evans, que aportó su buen hacer con el piano al sonido final de la grabación.

Pero la improvisación definitoria del jazz se mezcló con la clarividencia de Davis para crear un equipo: extrajo la oscuridad elegante del saxo de Coltrane, el sonido urbano de Evans y, como contraste, la alegría de vivir de Adderley en el saxo alto. Chamber al contrabajo, Cobb en la batería y, por supuesto, el sonido único que Davis sabía dar a la trompeta, redondearon la tarea.

``Tenía la capacidad de saber la química que iba a producirse entre sus músicos'', explicaba el músico Eddie Henderson. ``Y convirtió la grabación en un taller. Sólo decía lo que no había que hacer, pero nunca nos dijo cómo debíamos tocar'', aseguraba Adderley, según recoge el documental Made in Heaven, sobre el proceso creativo del disco.

Efectivamente, Kind of Blue parecía tocado por una gracia ultraterrena que consiguió esa fluidez capaz de, en dos sesiones de cinco horas cada una --2 de marzo y 22 de abril-- en el recién inaugurado estudio de Columbia en la Calle 30 de Nueva York, alumbrar como un parto sin dolor tamaña perfección musical.

La clave estaba en la propuesta esencial de Davis. ``Visto sobre el papel, parecen composiciones banales. Pero al escucharlas son simplemente magníficas'', resumía el guitarrista de jazz John Scofield.

Y es que el trompetista, con su sordina Harmon, apostó no por la complejidad de un amplio espectro de tonalidades, sino por ceñir las posibilidades a una sola escala. Fue suficiente para crear So What y que la experiencia prosiguiera con Freddie

Freeloader, Blue in Green y All Blues, hasta terminar con Flamenco Sketches.

Cinco piezas que repercutieron no sólo en su género, sino que ampliaron la influencia de Davis (1926-1991) hasta llegar a los Beatles y su Sgt. Pepper's.

Y es que la reducción del espectro tonal, por el contrario, multiplicó la gama emocional y, sobre todo, consiguió el gran reto de conquistar al gran público, de alcanzar cifras de ventas impensables para el jazz instrumental y de entrar en la memoria sonora de millones de melómanos.

Así, todavía en 2009, cuando fue reeditado con motivo del aniversario que se cumplió ayer, volvió a alcanzar los puestos más altos de la lista. ¿Su secreto? Quizá, como aseguraba Hancock: ``Kind of Blue es, sin duda, el disco ideal para poner mientras haces el amor''.

¿Qué mató a Mozart? Una infección bacteriana, según un estudio

Retrato de Wolfgang Amadeus Mozart.
Retrato de Wolfgang Amadeus Mozart.
AP

The Associated Press

La música de Wolfgang Amadeus Mozart ha perdurado desde hace más de dos siglos, así como las conjeturas sobre lo que condujo a su muerte súbita a los 35 años, el 5 de diciembre de 1791.

¿Acaso el compositor fue envenenado por un rival celoso? ¿Habrá tenido un parásito intestinal por comer carne de cerdo mal cocida? ¿Habrá muerto envenenado accidentalmente con el mercurio utilizado para atenderlo de un supuesto ataque de sífilis?

Un informe aparecido el martes en la revista Annals of Internal Medicine insinúa que el gran compositor austríaco pudo haber sucumbido a algo mucho más trivial: una infección bacteriana - posiblemente estreptococo en la garganta - que derivó en insuficiencia renal.

Los investigadores examinaron los registros sobre muertes ocurridas en Viena durante los meses previos y posteriores a la muerte de Mozart y los compararon con las causas de muerte de los años anteriores y siguientes.

"Notamos que en el momento de la muerte de Mozart había una epidemia menor relacionada con las muertes y en las que hubo hidropesía (hinchazón por acumulación de líquido), qué resultó ser también la característica de la última enfermedad de Mozart", dijo el doctor Richard Zegers de la Universidad de Amsterdam, uno de los autores del estudio.

Hubo una aumento súbito en las muertes relacionadas con estas hinchazones entre los hombres más jóvenes de Viena en la época de la muerte de Mozart en comparación con otros años estudiados, haciendo pensar que hubo una epidemia menor de enfermedad por estreptococo, agregó Zegers.

Según la evidencia recolectada en relación con su muerte, Mozart vivió sus últimos días sufriendo hinchazón, así como dolor de espalda, malestar y salpullido, todos síntomas que indican que el compositor pudo haber muerto de una enfermedad renal contraída por una infección por estreptococo.

"Las infecciones estreptocóccicas graves eran mucho más comunes entonces que ahora y, de hecho, tenían complicaciones muy graves", dijo el doctor William Schaffner, un experto en enfermedades infecciosas en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt que no estuvo involucrado en el estudio.

"Esto seguramente dará pie a muchas discusiones de ahora en adelante", agregó.

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